Luna, la perra que encontró el camino a casa tras ser robada
Luna, la perra que encontró el camino a casa tras ser robada? Juliana Arévalo fue víctima de robo de su camioneta. En ella se encontraban su perra Luna y decenas de prendas de ropa que debía entregar a sus clientes.?¡Me robaron, me robaron el carro!?, escucharon los transeúntes y curiosos que se encontraban en los alrededores del Centro Comercial Milenio Plaza, en la localidad de Kennedy, el 21 de diciembre de 2018. La mujer que gritaba desesperada era Juliana Arévalo, una propietaria de un vehículo que, al salir de pagar unas cuentas pendientes, descubrió que este desapareció. Dentro de él estaban su perra Luna y las prendas de decenas de clientes de su lavandería, que iba a entregar ese día.?Yo siempre acostumbraba a hacer la ruta de entrega con Luna. Ese día me alistaron la camioneta con las prendas y nos subimos. Decidí hacer una parada en ese centro comercial de Patio Bonito, porque debía pagar el arriendo de un local que teníamos, y decidí dejar a mi perra con la ropa?, cuenta Juliana, quien además confiesa que pensaba inocentemente que ningún ladrón se atrevería a robarla si veía a la mascota al interior del vehículo.Fue inmediato el vacío en el estómago al ver que no había rastro de sus pertenencias y de Luna. Lo primero que hizo fue buscar en los alrededores con la esperanza de que los ladrones hubieran bajado a la perrita antes de emprender la huida, pero por ningún lado pudo encontrarla.En un video de una cámara de seguridad se pudo observar cómo actuaron los criminales mientras Juliana estaba al interior del establecimiento. ?Ahí se ve a un señor que forcejea la puerta y se va. Después llega otro señor de más edad y abre la puerta, se nota que se demora acomodando la perra hacia atrás. Cuando lo logra, él se sube, se demora un momento en encender el carro y se va?, relata Juliana, quien tuvo los peores pensamientos en ese momento. ?¿Qué tal que me la hayan matado, ¿qué tal que me la hayan golpeado?, ¿qué tal que la amarren y no la vuelvan a soltar??, eran las preguntas que repetía en su cabeza.Una vez ocurrió el robo, el esposo de Juliana llegó a acompañarla. ?Él me regañaba, porque yo solo pensaba en la perra. Le dije ?si la perra no vuelve, ¿qué vamos a hacer??. Y me respondió que eso era importante, pero que en ese momento teníamos más prioridades, pues necesitábamos solucionar el problema de las prendas que se robaron y de la camioneta?, explica.A lo largo del día, Juliana no podía parar de llorar pensando en Luna y la inundó una tristeza al llegar a casa y saber que ella no estaba ahí. ?Sentí un vacío terrible, porque siempre que abría la puerta, ella se subía encima y saltaba a saludarme. Hasta me abrazaba. Al ver que llegó la noche, comencé a preguntarme dónde podía estar. ¿Será que sí le dieron comida?, ¿qué tal que llueva?, ¿qué tal que la estrelle un carro? Bueno, eran muchos pensamientos?, recuerda.La familia trató de conciliar el sueño ese día, pese a todos los problemas que tenían encima. El carro robado era vital para su negocio y también tendrían que responder a todos los clientes por las prendas. Incluso muchas de ellas estaban nuevas; los clientes las habían mandado a lavar para estrenarlas en Navidad.Doce horas después del robo, ya entrada la noche, sonó el teléfono. Era un tío de Juliana que vivía a pocas casas de ella. ?Aquí llegó Luna ladrando?, le dijo. La familia no lo podía creer. Salieron a la calle y ahí estaba la perra sucia, revolcada y oliendo mal, pero sana y salva.Nadie sabe qué camino recorrió Luna, en qué punto de la ciudad la soltaron los ladrones o cómo logró encontrar la casa. Lo único que se puede determinar a ciencia cierta es que entre el centro comercial donde ocurrió el robo y el lugar a donde llegó la perra hay más de 3 kilómetros de distancia. Tomando el camino más corto, una persona tardaría al menos 40 minutos a pie. Juliana cree que Luna recordó el camino gracias a que siempre iban juntas a todos lados sin importar si era a pie, en carro o en ?bici?.La recuperación del vehículoCon la aparición de Luna, esta familia resolvió su preocupación más grande. Ahora quedaban dos: darles la cara a los clientes y tratar de encontrar el vehículo que con tanto esfuerzo habían adquirido. ?Eso fue terrible, porque no nos creían que nos habían robado. Nos acusaban de ladrones. La gente me decía ?usted me la robó porque estaba nueva?. Me pedían por una chaqueta $500.000 y por un pantalón $300.000?, relata Juliana. Aunque muchos no quedaron contentos, ella y su esposo hicieron un presupuesto y de sus ahorros lograron pagar por cada prenda una suma entre $50.000 y $80.000. En total fueron unas cien piezas las que se robaron ese día, según sus cálculos.Por otro lado, pasaba el tiempo y las esperanzas de recuperar el vehículo se esfumaban. Al mes del robo, esta familia ya se había mentalizado en que no iba a aparecer jamás. ?Es más, un amigo me dijo que ese carro debía estar chiquitito, porque los ladrones le quitan las partes, lo hacen un cuadradito y lo botan a la basura?, recuerda Juliana.Un año después del robo, ella recibió una llamada de la SIJIN donde le informaban que habían encontrado su vehículo. Con incredulidad, alistó los papeles que le pidieron y fue a reconocerlo. Apenas lo vio, dijo que ese no era su carro. Según Juliana, ?estaba muy diferente. Le habían cambiado las cosas por dentro y por fuera. El tablero no era el mismo. Yo creo que, si lo hubiera visto por la calle, no lo hubiera reconocido nunca?.Fue gracias al oportuno aviso de las víctimas y al trabajo articulado de las autoridades que se logró la recuperación del vehículo. ?La denuncia ciudadana es fundamental, ojalá muy pronta a los hechos, para que podamos reaccionar de la manera adecuada para hacer este tipo de recuperaciones y devolverles los bienes a los ciudadanos. Este es un gran esfuerzo que se hace desde el punto de vista de investigación criminal, que agradecemos a la Fiscalía y a la Policía, porque es algo en lo que debemos seguir insistiendo?, indicó el secretario de Seguridad Hugo Acero.Las autoridades le explicaron a Juliana que un patrullero se encontraba por San Andresito de la 38, vio el automotor parqueado y se dio cuenta de que las placas que tenía no correspondían, porque este era de carga y tenía placas amarillas en vez de blancas. Lo recogieron, lo llevaron a hacerle las pruebas y descubrieron que sí se trataba de un vehículo robado.El pasado 7 de febrero, a Juliana y a otros propietarios les entregaron sus vehículos en medio de la ofensiva contra el hurto que se viene adelantando en la ciudad. Ese día fueron presentados 24 carros, 100 celulares y 5 motos que las autoridades pudieron recuperar.?La entrega del vehículo es una alegría más para Juliana, tras la recuperación de su perrita Luna?, detalló Acero, quien invitó a los ciudadanos a denunciar este tipo de casos para que las autoridades puedan realizar las investigaciones y actuar con contundencia frente a estas estructuras criminales.