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Las segundas oportunidades existen y Casa Libertad las hace realidad

Entre abril y agosto de 2019 se han empleado 53 usuarios de Casa Libertad. 

Las segundas oportunidades existen y Casa Libertad las hace realidad

Si hubo una fecha que le cambió la vida de Anderson Restrepo fue el 29 de agosto de 2014.Le cambió la vida porque en una verificación de documentos en la terminal de transportes de Bogotá fue capturado, tenía orden expedida por el juzgado 37 de Medellín, por el delito de lesiones personales y delito agravado calificado, le esperaba una condena de 72 meses de prisión, el Inpec ya le tenía boleta de carcelación.A partir de ese momento empezó su recorrido por las cárceles La Picota, en Bogotá; Casa Blanca de Villavicencio, y Alcatraz, en Acacías, Meta. ?Al principio es difícil estar en la cárcel, convivir con personas diferentes a uno. Da miedo. Uno no duerme tranquilo hasta que empieza a adaptarse?, dice.Pero esta no es la historia de su paso por la cárcel. Es la historia de cómo superó todas las dificultades y hoy a sus 27 años es barista en una tienda de café.Sus días se inician a las 2:50 de la mañana, pues vive en Soacha y el turno de su trabajo empieza a las 6:00 am. Sale de su casa a las 3:30 am, camina hasta Patios para tomar un alimentador que lo lleve a TransMilenio y de ahí llegar a las 5:30 am a su trabajo. ?Hago turnos de 8 horas diarias, salgo a las 2:00 pm y me voy para mi casa, no soy de salir, no tengo vida social, me volví así; le tengo miedo a la sociedad, salir de la cárcel es duro. Me acostumbré a estar solo. Los seres humanos somos animales de costumbre y uno se acostumbra a todo y yo me acostumbré a estar solo, hoy en día vivo tranquilo así?.Hoy tiene una vida estable, con trabajo, pero luego de salir de prisión pasó días en la calle, sin comer. Sus pocas pertenencias las guardaba en una bolsa, no tenía a quién recurrir.?Salir a la calle es un sentimiento que es difícil de explicar, no halla uno cómo explicar esa sensación de alegría. Nadie me esperó, nadie fue por mí. Yo salí solo. Llegué a la Caracas y me choqué con esa realidad. Cuando se choca uno con esa avenida, el mundo se vuelve gigante. Cuando uno sale, todo cambia. No tenía dinero. No tenía nadie a quien llamar?, recuerda Anderson con la mirada llena de calma.?Empieza uno a caminar y es con esa agonía de no saber qué hacer. Cuando uno está allá adentro, se dice: ¡cuando esté en la calle, uno evoluciona! Mejor dicho, uno hace lo que sea. ¡Mentiras!?.Pues buscó lugares antes frecuentados hasta que encontró a un antiguo amigo que le contó de un lugar que ayudaba a las personas cuando salen de la cárcel. ?Me dio la dirección y llegué a Casa Libertad?.La Casa Libertad es la única en su tipo en Colombia, administrada por la Secretaría de Seguridad, Convivencia y Justicia, en alianza con el Ministerio de Justicia, el INPEC, Colsubsidio y la Fundación Acción Interna, es un lugar que busca que las personas que han estado privadas de la libertad puedan reincorporarse a la sociedad restableciendo los vínculos con sus familias, la comunidad y accediendo a oportunidades laborales con la ayuda de un equipo profesional.?El día que llegué a Casa Libertad les comenté mi situación, que había salido de la cárcel, que estaba viviendo un mal momento porque estaba en la calle y ahí empezó a llegar la ayuda. Me dieron comida, porque la verdad no había comido, llevaba varios días que no tenía con qué comer, y me empezaron a dar la mano?, recuerda. ?Me conectaron con la Secretaría de Integración Social, para tener un sitio dónde dormir, para poderme quedar. Ahora vivo con un amigo que me ha dado su techo y me ha ayudado?.Anderson empezó los cursos que ofrece Casa Libertad, como el de cambiar hábitos y reforzar actitudes físicas y verbales que le permitieron quitarse de encima las palabras y las gestualidades aprendidas en la cárcel. ?Hice talleres de sistemas, Word, atención al cliente. Mi nivel académico es de tercero de primaria y con los antecedentes penales era imposible conseguir trabajo?, dice.?Luego inicié una vinculación con Colsubsidio que también fue una gran ayuda, porque cuando una persona tiene antecedentes es muy difícil encontrar trabajo, yo busqué trabajo en muchas partes, pasaba a la entrevista, pero luego en el filtro de seguridad me quedaba y no le daban a uno esperanzas de nada?, recuerda.Las personas que terminan los cursos reciben una certificación que les permite acceder a procesos de vinculación laboral. Detrás de esto hay un equipo de trabajo que busca alianzas con empresas, grandes superficies y tiendas de cadena para incentivar la contratación de personas que buscan una segunda oportunidad y lograr así que no reincidan en el delito. Ahora Anderson asegura que encontró la motivación para terminar el colegio, ?el estudio es muy necesario, la resocialización funciona. Gracias a Dios y a Casa Libertad tengo un trabajo, estoy teniendo experiencia, estoy trabajando como una persona de bien. Muchas personas se encuentran pasando por el proceso que yo ya pasé y de pronto piensan que conseguir trabajo es duro, yo pensé así, que a uno no le dan trabajo, no le dan oportunidades y llega un momento en que uno va como a flaquear, que ya no más. Ahí es cuando uno piensa por qué en Colombia hay tanta reincidencia. Si existieran más sitios como Casa Libertad, la reincidencia dejaría de ser un problema?, reflexiona. Entre abril y agosto de 2019 se han empleado 53 usuarios de Casa Libertad. Adicionalmente, se han certificado 72 usuarios en competencias y habilidades para el trabajo. En septiembre el porcentaje de empleabilidad de los semilleros registró un 63% de efectividad.