La música como forma de reintegrarse a la sociedad: dos privados de la libertad grabaron videos musicales desde la Cárcel Distrital

En medio de música, guardianes vestidos de gris y negro, y uniformes naranjas, Julián Rivera Rivera y Jesther Robayo, dos personas privadas de la Libertad en la Cárcel Distrital de Varones y Anexo de Mujeres, en Bogotá, viven el sueño de hacer música mientras esperan las sentencias definitivas por los delitos de los que se les acusa.
Rivera y Robayo son los ganadores de la segunda edición del concurso de música que hace la Fundación Mambart desde 2022, en el que se han beneficiado más de 120 personas, quienes han aprendido del arte y la industria para ponerlo en práctica al dejar la prisión.
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Esta es la historia de esos dos jóvenes, que ven en la música la posibilidad de acercarse a la “libertad”, como dicen ambos. Por un lado, porque eso les permite distraerse y olvidarse del encierro. Pero, además, porque con los distintos talleres que han recibido en la Cárcel Distrital creen que pueden aprender herramientas que les permitirá reintegrarse a la sociedad de una manera más fácil y acceder a oportunidades laborales durante sus vidas en libertad.

De las calles a las letras
Julián Rivera no habla mucho de su pasado, solo recuerda que “vivió muchas cosas en la calle” y que eso lo llevó a tomar malas decisiones. Pero también dice que estando en la Cárcel Distrital encontró las herramientas necesarias para construir un mejor futuro.
“Estando aquí encerrado, la música se convierte en la única cosa que me permite sentirme un poquito libre, porque estar privado de la libertad es feo, estar lejos de la familia es horrible. Estar en la cárcel es algo que no se lo deseo a nadie, la verdad. Por eso, para mí la música significa mucho, porque me rescató de las calles y me cambió el pensamiento”, aseguró Rivera, con el reconocimiento y arrepentimiento por sus errores, pero con la emoción de quien hoy pueda soñar con un camino distinto al que lo trajo hasta la cárcel.

“Este ‘canazo’ no es para siempre”, insiste, porque es ahí afuera donde espera desarrollarse en la industria musical.
Hasta ahora ha escrito tres canciones, que hablan “del desahogo” de lo que vivió en la calle y lo que ha significado estar encerrado. Dice que sus letras también buscan dejar un mensaje a los jóvenes, para que tomen las decisiones correctas y no tengan que pasar nunca por una cárcel.
“Hay muchos niños que crecen en barrios marginales y lo que buscan son las cosas de las calles. La idea mía es hacer un cambio en la mente de esos niños para que le apuesten a la cultura. El mensaje es pensar antes de actuar”, insiste Rivera.
Una historia similar cuenta Jesther Robayo, DJ de música y otro de los ganadores del concurso, quien dice que la música es su forma de “resistir” en ese paso por la cárcel.

“Es difícil física y emocionalmente. Pero también le permite a uno darse cuenta de sus errores y va saliendo adelante”, aseguró.
Pero también es la apuesta por reintegrarse a la sociedad con nuevas herramientas. Insiste en que “agradece el esfuerzo de la fundación, porque sabe que va a salir a trabajar juicioso y avanzar por él y su familia”.
De acuerdo con Sebastián Ramírez, director de la fundación Mambart, estos son dos de los casos en los que se demuestra el talento que se han encontrado y que reflejan que el arte sí puede ser un factor fundamental para el reintegro a la sociedad de las personas privadas de la libertad.
Este tipo de actividades se enmarcan en el Plan Integral de Seguridad, Convivencia Ciudadana y Justicia, que le apuesta a transformar vidas mediante un enfoque restaurativo.