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La historia del psicólogo que de manera silenciosa combate la trata de personas en Bogotá

Donde muchos tan solo ven una oferta laboral, Daniel Cifuentes ve una señal de alarma. Su trabajo ha sido clave para rescatar a quienes estaban a punto de perderlo todo.

La historia del psicólogo que de manera silenciosa combate la trata de personas en Bogotá

Daniel Cifuentes.

“Un ciudadano mexicano estaba abusando sexual y psicológicamente de una joven en un hotel acá en Bogotá. Su plan era llevarla a México para explotarla, pero logramos rescatarla luego de que ella lograra escapar y pedir ayuda”. 

Con voz serena, pero con la aflicción contenida de quién sabe qué, ese día, el trabajo en equipo salvó una vida, así es como Daniel Cifuentes recuerda con total claridad uno de los momentos que más lo ha marcado en los más de cinco años que lleva enfrentando la trata de personas en Bogotá. 

No es para menos. Daniel es el líder de la Estrategia de Investigación y Judicialización contra la Trata de Personas en la Secretaría Distrital de Seguridad. Su labor —silenciosa, minuciosa, articulada— es clave para enfrentar uno de los delitos más invisibles, complejos y deshumanizantes que afectan a la ciudad. “Nuestro trabajo es entregar herramientas, articularnos con Fiscalía y Policía Judicial, y hacer que las víctimas tengan un acceso real y rápido a la justicia”, explica.

La trata de personas no siempre tiene un rostro claro. No siempre hay cadenas. Se camufla detrás de falsas promesas: becas académicas irreales, ofertas laborales imposibles o pasajes pagados por desconocidos. “Cuando algo suena demasiado bueno para ser cierto, hay que sospechar. Una persona que no ha terminado el colegio y le ofrecen un sueldo altísimo en otro país… algo está mal ahí”, advierte.

Pero el delito también se esconde en lo cotidiano. “Una persona que trabaja en una casa sin salario, sin seguridad social, sin horarios, puede estar siendo víctima de trata”, afirma. Y alerta sobre otras modalidades que pasan desapercibidas: mendicidad ajena —especialmente de niños alquilados para pedir dinero en las calles—, matrimonios serviles, extracción de órganos y prácticas análogas a la esclavitud.

Frente a esta realidad, la respuesta institucional ha mejorado considerablemente. “Hoy estamos más articulados. Secretaría de Gobierno, Secretaría de la Mujer, ICBF, Fiscalía y Policía Judicial trabajando de la mano. Reconocer el delito en la calle es más fácil ahora gracias a las herramientas y capacitaciones que recibimos”, señala Daniel. 

Cada rescate es una batalla ganada. “Cuando uno sabe que una mujer fue rescatada por el trabajo que hicimos, cuando se logra una captura por la investigación que apoyamos, lo que se siente es orgullo. Sabemos que esa organización no tendrá más víctimas”, dice. Su trabajo, como el de su equipo, muchas veces ocurre lejos de reflectores. En noches largas, en operaciones complejas, en silencio.

Daniel es psicólogo, tiene una maestría en gestión empresarial y llegó a este rol casi por destino. “Fue un regalo de la vida. Como psicólogo, tengo una sensibilidad especial para entender el trauma de las víctimas. Este trabajo me ha transformado”, afirma con emoción.

Y aunque el trabajo exige sacrificios, Daniel lo asume con total entrega.  “Los operativos suelen ser de noche. Hay que estar disponible cuando toca, incluso si eso significa sacrificar tiempo personal. Pero vale la pena, porque cada historia rescatada es una vida reconstruida”, dice. 

Daniel también es corredor, y entre entrenamientos y madrugadas, encuentra un equilibrio que lo fortalece.

“Yo lo veo como una responsabilidad enorme, pero también como un regalo de la vida. Este trabajo me ha cambiado, me ha hecho mejor ser humano”, concluye.