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Esta es la historia de la primera voz que se escuchó en la línea de emergencias 123.

Eloísa es madre cabeza de familia, biciusuaria y desde hace 12 años trabaja en el NUSE.

Esta es la historia de la primera voz que se escuchó en la línea de emergencias 123.

Fueron más de 12 horas de espera en la sala de la naciente línea 123 para que ingresará la primera llamada de emergencia. Cuando el reloj marcaba las 5:15 de la madrugada de un 17 de mayo de 2008 por fin sonó el teléfono en un recinto que albergaba aproximadamente 50 operadores entre civiles y policías reinaba la expectativa y el silencio.La voz de María Eloísa Garzón Zamora, fue la primera en escucharse cuando comenzó a guiar a su interlocutor que se comunicó a través de esa línea. ?Ya direccionamos la emergencia al Cuerpo Oficial de Bomberos. Gracias por comunicarse a la línea 123?, estas fueron las palabras de Eloísa antes de colgar el teléfono y esbozar una sonrisa que reflejaba el deber cumplido. Ella fue la encargada de recibir esta primera comunicación, de eso ya han pasado 12 años.?La llamada era de un señor desde la localidad de Suba. Lo primero que hice fue saludarlo, pedirle los datos, el tipo de incidente y la dirección. Me dijo que desde su casa veía que un inmueble se estaba incendiando. No me pudo informar si había o no heridos?, recuerda la mujer que hoy sigue trabajando en el Centro de Comando, Control, Comunicaciones y Cómputo de Bogotá C4, desde dónde opera la Línea NUSE 123 que hace parte de esta dependencia del Distrito.Pero en todos estos años esa fue la primera de miles de emergencias que ha tenido que atender esta mujer de profesión enfermera, biciusuaria y madre de una adolescente.  ?Hay casos que son muy fuertes, pero sabemos cómo manejarlos ya que previamente hemos recibido capacitación. En gran parte las llamadas tienen un final feliz porque logramos salvar una vida que es el gran propósito de todos los que aquí trabajamos?, asegura la operadora.Hay dos casos que han marcado su vida como trabajadora de la línea 123: el primero fue cuando guío a un hombre para que atendiera y le diera los primeros auxilios a una persona que había sufrido un paro cardio-respiratorio mientras llegaba la ayuda de la ambulancia y los paramédicos. El otro caso, como lo cuenta Eloísa, fue cuando le dio la capacitación a una persona por medio del teléfono para que atendiera a una mujer que estaba en el momento del parto. ?Después de varios minutos de tensión escuché el llanto del niño al otro lado de la línea, la alegría fue inmensa?, destaca la mujer quien además es la brigadista del grupo de operadores de esta línea de emergencia.?Las llamadas que tienen que ver con niños y con personas de la tercera edad son muy dolorosas. Aquí recibimos todo tipo de casos como accidentes de tránsito, intentos de suicidio y maltrato, pero estamos en la capacidad de responder lo que requieran?, destaca Eloísa.Cifras del C4 señalan que en la actualidad a la línea 123 ingresan en promedio 23.000 llamadas al día; de estas, el 32 por ciento son efectivas (7.360), es decir que en realidad son de emergencia; el seis por ciento son bromas (1.380 comunicaciones) y el resto no procedentes o no son una emergencia (14.260).   Hay que tener en cuenta que las llamadas de broma y de acosadores han registrado una reducción del siete por ciento después de que entró en vigencia el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana (Código de Policía articulo 35) y que este tipo de comportamientos pueden generan una multa de 32 salarios mínimos legales vigentes ($ 936.320 hoy) y participar en un programa comunitario. Es tan inmensa la vocación de ayuda de Eloísa para con los demás que no solo se preocupa por salvar la vida de alguien que esté en peligro, sino que es consciente del cambio climático y desde hace seis años se moviliza en su bicicleta eléctrica desde su casa ubicada en la localidad de Kennedy hasta Puente Aranda en donde está el C4, trayecto que dura aproximadamente 25 minutos. ?La ?bici? siempre me acompaña, en este pequeño maletín guardó el impermeable y el casco y con eso no hay excusa para no venir a trabajar todos los días?, describe. Entre tanto recuerdo que le ha dejado esta profesión trae a la mente cuando recién ingresada a este trabajo y estando en una reunión familiar le sonó su teléfono celular y contestó con el protocolo de saludo que se utiliza en el 123, situación que no fue de pena sino de orgullo para ella y para sus familiares. ?Adoro mi línea 123, me ha dado lo que tengo. En mis ratos libres disfruto del cine y de la comida, siempre en compañía de mi hija?, concluye Eloísa mientras se abrocha el casco y prende la bicicleta eléctrica para retornar a su casa después de una intensa jornada de trabajo. Allá la esperan además de su hija, su mamá y un hermano.