Del escritorio al territorio: Marcela Pabón, la mujer que lleva esperanza y justicia a los barrios de Bogotá

En Bogotá, la justicia no siempre se encuentra en un despacho. A veces llega sobre ruedas, en forma de una unidad móvil, color blanco, que recorre las calles y se detiene donde las personas más lo necesitan. Dentro va Marcela Pabón, una mujer de voz serena y mirada firme que, desde hace tres años, se ha convertido en el primer rostro de la justicia para cientos de ciudadanos en la ciudad.
Su labor, al frente de las Unidades Móviles de Acceso a la Justicia, rompe las barreras del escritorio y lleva orientación, acompañamiento y esperanza a los barrios donde la justicia parecía un lujo distante.
Las Unidades Móviles de Acceso a la Justicia son vehículos y equipos que llevan servicios legales, jurídicos y de orientación a comunidades de difícil acceso. Su objetivo es acercar la justicia a los ciudadanos, especialmente a los más vulnerables, ofreciendo asistencia gratuita en temas como violencia intrafamiliar, alimentos, conflictos de convivencia, orientación socio-jurídica y trámites.
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Pero las Unidades Móviles no solo llevan abogados y mediadores; también llevan algo más valioso: la certeza de que sí hay a quién acudir.
“A veces la gente cree que sus problemas no tienen solución. Pero cuando escuchan de nosotros que sí hay una forma, que sí se puede, vuelven a creer”, asegura.
Marcela lidera la primera atención al ciudadano en las Unidades Móviles de Acceso a la Justicia, una estrategia de la Dirección de Acceso a la Justicia que recorre las localidades más vulnerables de Bogotá para orientar a las personas en sus conflictos legales y familiares.
“Nosotras vamos donde las estadísticas muestran más violencia intrafamiliar, más conflictos por arriendo, por propiedad horizontal o por inasistencia alimentaria”, explica. “Ahí es donde más nos necesitan”, indica.

Con tres años de experiencia en la estrategia, Marcela habla con la serenidad de quien ha escuchado cientos de historias difíciles y ha aprendido que, muchas veces, lo que más necesita la gente es ser escuchada.
“A veces la comunidad se enfrasca en sus problemas y cree que no tiene solución, y cuando ven a la unidad móvil se acercan y preguntan… y a veces uno les da una, dos, tres, cuatro alternativas, y eso es una satisfacción”, indica Marcela.
Las Unidades Móviles de Acceso a la Justicia ofrecen orientación jurídica, psicosocial y social: desde asesorías por conflictos de arriendo o violencia intrafamiliar hasta ayuda para tramitar subsidios o actualizar el puntaje del Sisbén. Todo esto, directamente en el territorio, sin filas ni trámites interminables.
“Estamos dejando el escritorio para llegar al barrio”, dice Marcela con orgullo. “Es ahí, en las calles, donde la justicia tiene sentido”.

Entre las muchas historias que ha acompañado, hay una que aún le duele recordar: la de unos abuelos engañados por sus propios hijos para firmar las escrituras de su casa. “Ellos no sabían leer ni escribir y habían perdido todo. Sentí impotencia, pero también la obligación de ayudarlos. Los orientamos, los acompañamos y se elaboró la demanda. Verlos recuperar un poco de esperanza fue muy valioso”, afirma.
Ese tipo de casos, dice, le recuerdan por qué ama lo que hace. Porque detrás de cada asesoría, hay una historia de lucha, de resistencia, de gente que se niega a rendirse.
“Yo amo lo que hago, me gusta trabajar con la comunidad. Me satisface cuando uno puede darle una respuesta, cuando uno puede ayudarle a hacer un trámite para que ellos solucionen sus problemáticas”, sostiene Marcela sonriente y orgullosa por su labor.
“Cuando regresamos a un sector y las personas nos dicen ‘gracias, la vez pasada me ayudaron’, eso no tiene precio”, agrega.
Para muchas comunidades, la unidad móvil es más que un servicio: es una señal de esperanza. “Hay adultos mayores que no tienen ni para el pasaje. Cuando llegamos y les ayudamos a tramitar un derecho de petición o a reclamar un medicamento, les estamos dando calidad de vida”, cuenta Marcela.

En cada jornada, ella y su equipo hacen visible el compromiso de la administración del alcalde Carlos Fernando Galán que decidió llevar la justicia a los territorios, donde realmente se necesita.
La estrategia de las Unidades Móviles de Acceso a la Justicia se ejecuta en el marco del Plan Integral de Seguridad, Convivencia Ciudadana y Justicia (PISCCJ), que busca mejorar el acceso a la justicia y entregarle a la ciudad una justicia enfocada en la resolución de problemáticas; fomenta los métodos de resolución de conflictos - MASC, crea nuevas estrategias de acceso a la justicia formal, no formal y comunitaria e implementa un modelo de relacionamiento con todos los actores de la justicia, centrado en el fortalecimiento de capacidades para crear un sistema más accesible, eficiente e inclusivo.