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Cine, danza y música en vivo, la Virgen de la Merced iluminó la Cárcel Distrital

La felicidad fue evidente en la conmemoración del día de Nuestra Señora de las Mercedes, virgen de las cárceles y los privados de la libertad.

Cine, danza y música en vivo, la Virgen de la Merced iluminó la Cárcel Distrital

Aplaudiendo, riendo y bailando, las cientos de voces de las personas privadas de la libertad retumbaron en los pasillos, cantándole al mundo que para ser feliz solo hay que ?pintarse la cara color esperanza?.La Cárcel Distrital cuenta con una ingeniera de alimentos que garantiza la calidad de los alimentos. Sin embargo, esa mañana el aroma era distinto a los alimentos habituales incluidos en el plan de alimentación: chocolate caliente, tamal y almojábana. Así comenzó temprano, sobre las siete de la mañana, esta celebración.Había ?color de esperanza?, claro, pero también de expectación, que se reflejaba en los rostros de las personas de los distintos pabellones, por varios motivos de un día especial. No solo por recibir las encomiendas que sus familiares les envían, haciendo fila desde muy temprano a las afueras de este lugar ubicado en el barrio Calvo sur, sino por ver en los segundos pisos a miembros del equipo de atención integral de la Cárcel Distrital instalando equipos de sonido y cables.Todo estaba listo, micrófonos encendidos, consola de sonido conectada y el público, a la espera: Color de algo diferente. En un principio, varios continuaron sus actividades; haciendo deporte, viendo televisión, jugando parqués o leyendo, pero con ojos y oídos atentos. Y, cuando el profesor deportólogo entró con su sonoro saxofón todo cambió: el partido de básquet se interrumpió, adiós televisión, las guías de lectura quedaron sobre las mesas plateadas del pabellón y todos se dirigieron al centro del patio a evidenciar el espectáculo de Jazz y Blues. Ya había color de música, color de alegría que se expresó en un fuerte aplauso cuando el profesor terminó la primera canción. Y hubo conexión. Él les explicó que esta era su otra pasión y que la siguiente canción ya no sería jazz. En los parlantes de este pabellón comenzó a escucharse la melodía de ?El Cantante?, del famoso salsero Héctor Lavoe, acompañada con notas de saxofón. Así fue como, a ritmo de salsa, el ambiente de alegría se contagió en los patios. En el pabellón Esperanza, precisamente, el único de mujeres de la Cárcel Distrital, se vivía una fiesta de la que ni siquiera el equipo administrativo pudo evitar contagiarse. Hasta el director, Manuel Castillo, buscó pareja de baile. Los miembros del Cuerpo de Custodia y Vigilancia, con su uniforme gris y su apariencia imponente, perdieron por unos segundos la rigidez de su postura, llevando el ritmo con los pies e incluso bailando desde su puesto. Había allí, mucho sentimiento, mucho ritmo. Cuando el show de saxofón terminaba y el público aclamaba otra canción, entraba un segundo equipo, varios profesores de diferentes áreas entraban para cantar conocidos temas de música popular, salsa y merengue. Pero quizás, uno de los momentos más eufóricos se vivió cuando sonó la canción del día, la esperada, la conocida canción de Diego Torres ?Color Esperanza?, cantada precisamente en el pabellón con el mismo nombre. El coro retumbó lejos, por todos los pasillos y fue acompañado por todos: guardias, administrativos, y privados de la libertad, a una sola voz. Así fue la jornada de la mañana. En los segundos pisos se observaban cantantes, bailarines de joropo o cuenteros. En la tarde, un almuerzo especial también los sorprendió: crema de champiñón, arroz oriental, ensalada tropical y churrasco en salsa de tocineta. El remate fue con cine. Las mujeres privadas de la libertad, con crispetas y gaseosa obsequiadas por el sindicato de la Guardia del cuerpo de Custodia y Vigilancia, se gozaron una jornada de cine al patio, con la que culminó esta celebración de la patrona de los reclusos. Aún en pandemia, la Cárcel Distrital no se detiene en la atención integral a su población privada de la libertad, uno de los motivos por los cuales fue la primera cárcel en Suramérica en obtener el reconocimiento -ACA- de la asociación americana de correccionales.