Asesino desde los 13 años: la historia de la caída de alias Nias, responsable de cerca de 50 homicidios en el país

“Nunca en mis 18 años de carrera había visto un criminal que cometiera tantos homicidios”. Esa es la manera como un investigador de la Policía empezó a narrar los detalles inéditos del seguimiento que durante años le hicieron a alias Nias, criminal responsable de cerca de 50 homicidios en el país.
Durante años, su nombre circuló en voz baja, como un eco oscuro entre barrios, esquinas y expedientes. Alias Nias no era solo otro eslabón en la cadena del crimen: era, según los investigadores, una pieza clave en la maquinaria violenta del grupo delincuencial conocido como ‘El Mesa’, una estructura nacida en los años 80 en Antioquia y que, con el paso del tiempo, extendió sus tentáculos hasta distintas ciudades del país, incluida Bogotá.
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Los agentes de la SIJIN y la DIJIN, cuya identidad permanece protegida, reconstruyeron una historia marcada por la sangre. Del total de homicidios cometidos por este criminal, 30 de ellos habrían sido en la capital del país, en un periodo reciente; los demás, distribuidos en otras regiones donde el crimen organizado disputa territorio con la misma lógica brutal: eliminar al rival, dominar el negocio, sembrar el miedo.

Su rol era claro. Era el jefe de sicarios. El encargado de ejecutar órdenes. De desaparecer a quien se interpusiera en el camino de la organización. Según los investigadores, comenzó a matar cuando apenas tenía 13 años, un dato que no solo retrata la dimensión de su prontuario, sino también la profundidad de un problema estructural: la forma en que la violencia recluta, moldea y perpetúa generaciones enteras dentro del delito.
La organización no solo traficaba estupefacientes. Detrás de esa fachada operaba una red más amplia de control criminal: cobros extorsivos a comerciantes, desplazamiento forzado de familias e intimidación sistemática a comunidades enteras. Un dominio territorial basado en el miedo. En municipios como Bello y en varias localidades de Bogotá, su presencia representaba una amenaza constante.
Pero su caída no fue inmediata. Requirió meses —incluso años— de seguimiento. Cámaras ocultas, agentes encubiertos y jornadas interminables de vigilancia, en las que cada movimiento implicaba un riesgo real. “Arriesgando la vida en cada paso”, relatan los investigadores. Así se logró desarticular parte de esta estructura: 23 de sus integrantes hoy están tras las rejas.

Sin embargo, la captura de alias Nias no solo revela la contundencia operativa de la Policía. También expone una herida abierta en el sistema judicial colombiano.
El mismo hombre que hoy es señalado de decenas de homicidios ya había estado en prisión. Y quedó en libertad.
Ese hecho, por sí solo, resume una de las mayores frustraciones en la lucha contra el crimen: la incapacidad del sistema para retener, procesar y condenar de manera efectiva a quienes representan un alto riesgo para la sociedad. El llamado “vencimiento de términos”, sumado a la congestión judicial, fallas procesales y, en algunos casos, actos de corrupción, termina abriendo la puerta de salida a delincuentes que luego regresan a las calles con mayor capacidad de daño.
Desde la academia, voces como la de Viviana Díaz Perilla, directora del programa de Derecho de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, reconocen estas deficiencias. La formación de nuevos juristas, insiste, debe enfocarse en cerrar esas grietas: evitar dilaciones injustificadas, fortalecer la ética profesional y blindar los procesos para que no se caigan en los estrados.

Porque cada expediente que se archiva, cada término que vence, cada error que queda sin corregir, tiene consecuencias reales. Se traduce en víctimas. En familias rotas. En territorios sometidos.
Hoy, con 23 capturados, las autoridades hablan de un golpe importante. Y lo es. Son 23 criminales menos en las calles. Pero detrás de esa cifra hay una realidad más compleja: la lucha contra el crimen no se gana solo con capturas, sino con justicia efectiva.
Una justicia que no permita que historias como la de alias Nias se repitan. Una justicia que, más allá del operativo, logre cerrar el ciclo. Porque, en Colombia, muchas veces, el problema no es solo atrapar al criminal… sino asegurarse de que no vuelva a salir.