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"Debemos guiarnos por la voluntad y el buen ánimo", Rosario Banguera

Rosario Banguera, una de las 165 personas que se la juega por la población privada de la libertad
Rosario Banguera, una de las 165 personas que se la juega por la población privada de la libertad
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Cárcel Distrital de Varones y Anexo de Mujeres
05/30/2020

Ella es Rosario, madre y miembro del cuerpo de custodia y vigilancia de la Cárcel Distrital.

Rosario nunca olvidará aquella noche de abril de 2012 en la Cárcel Distrital, sintió nervios de principiante, la infraestructura parecía enorme y veía inmensos aquellos pasillos que debía recorrer. 

Hoy, 8 años después, todo cambió. Esos nervios quedaron en el pasado, ella afirma que ama su trabajo y que se siente preparada para cualquier cosa que pudiera ocurrir. 

Rosario es una tumaqueña alta, de piel morena y ojos expresivos, miembro del cuerpo de Custodia y Vigilancia de la Cárcel Distrital y madre de dos hijos: Johan de 24 años y Sharon de 23. Ella se describe como una persona con determinación, sincera y frentera. 

En un principio parece ruda y de carácter fuerte. Pero, al dialogar con ella se puede encontrar una mujer tierna, fiel creyente en Dios y apegada a su familia. 

Un día en su vida inicia a las 3:30 a.m; al despertar prepara un té con limón, eso no puede faltar. Antes de ir a trabajar siempre deja preparado el arroz y picados los aliños para el almuerzo de su hija. Suele salir de su casa aproximadamente a las 4:15. Son 2 horas de trayecto desde su hogar hasta su lugar de trabajo, la Cárcel Distrital en el barrio Calvo Sur.  

Para llegar tomaba un colectivo hasta la estación de TransMilenio más cercana, luego debía hacer 2 trasbordos para finalmente caminar hasta la Cárcel Distrital. Sin embargo, A raíz de la pandemia compró una moto que limpia frecuentemente para poder mantener la distancia y evitar contagios. 

Por otro lado, cuenta que en estos 8 años ha tenido múltiples aprendizajes, entre ellos el valor del servicio y el liderazgo: “somos los conductos para dar una buena atención, en una situación como la actual, no debemos dejarnos guiar por el pánico, sino por la voluntad y el buen ánimo”.

El hablar de su oficio le trae gratos recuerdos, entre ellos algunas festividades “cuando en diciembre nos reunimos con los compañeros, compartimos, hacemos la cena navideña y rezamos las novenas, son momentos inolvidables” recuerda las ‘vacas’ con sus compañeros para comprar la cena de diciembre y el ambiente que se siente entre ellos, el hecho de sentarse (por turnos de guardia) a cenar y compartir, son lindos momentos que Rosario recuerda con cariño. 

Todas estas experiencias y aprendizajes la motivan para seguir tomando el riesgo de salir a la calle, de salir a trabajar no sólo por ella sino por la población privada de la libertad, por quienes también se protege. Al llegar a su trabajo, cumpliendo con todos los protocolos establecidos, lava sus manos, se toma la temperatura, se rocía con alcohol y se dirige al alojamiento para vestir su uniforme negro y gris del cuerpo de Custodia y Vigilancia. 

Aunque es aguerrida y comprometida con su trabajo no es ajena al temor. Cuenta que su mayor preocupación es contraer el virus y contagiar a su hija o a las personas con quienes trabaja. Pero afirma que su labor en esta cuarentena no puede parar, la ciudad la necesita y por esto toma todos los cuidados necesarios; en su bolso carga tapabocas, guantes y gel y, al llegar a su casa, se quita los zapatos en la entrada, hace que su hija la rocíe con alcohol por todo el cuerpo y antes que cualquier cosa se dirige al baño a lavarse las manos nuevamente. 

Su hijo Johan se encuentra fuera del país, por lo cual actualmente solo vive con Sharon. En medio de todo lo que este aislamiento ha significado, Rosario ve el lado positivo, la cuarentena les ha permitido reinventar espacios madre e hija. Antes salían a centros comerciales o al parque que queda cerca a su casa, ahora juegan parqués y demás juegos de mesa mientras charlan o llaman a sus seres queridos. 

El no poder ver a sus familiares es una de las cosas que más extraña, cuenta que, si bien la tecnología les permite comunicarse, no hay nada como estar con ellos presencialmente: compartir un almuerzo, tomar un tinto, hablar y reír. No sabe cuando podrá volver a hacer eso, pero esperará lo que haga falta para que cuando lo vuelvan a hacer estén sanos y tranquilos.  

Ella tiene tres cosas claras: a pesar de los cambios continuará trabajando con entrega y compromiso, una vez todo esto acabe lo primero que hará es agradecer a Dios y lo segundo encontrarse con sus familiares “quiero ver y abrazar a mis hermanos, yo no sé, incluso hacemos una rumba”.

Rosario es una de las muchas heroínas y héroes que se la siguen jugando por la ciudad durante esta contingencia. A ella y a todos nuestros miembros del cuerpo de Custodia y Vigilancia de la Cárcel Distrital no nos cansaremos de decirles ¡gracias!.
 

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